Una ofensiva militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán abrió un nuevo frente de conflicto en Medio Oriente, con ataques, represalias y fuerte impacto geopolítico y económico en todo el mundo.

La escalada comenzó el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva militar contra objetivos estratégicos en Irán, en una operación dirigida contra el programa nuclear, instalaciones militares y el liderazgo del régimen iraní. El ataque incluyó bombardeos en varias ciudades y derivó en la muerte del líder supremo iraní, Alí Jamenei, lo que profundizó la crisis en la región.

El conflicto tiene raíces en años de tensiones entre Irán, Estados Unidos e Israel, especialmente por el desarrollo nuclear iraní y el apoyo de Teherán a milicias aliadas en Medio Oriente. Israel sostiene que Irán representa una amenaza directa para su seguridad y presionó durante años para frenar su capacidad militar y nuclear.

Tras los ataques iniciales, Irán respondió con una ofensiva de misiles y drones contra objetivos estadounidenses y aliados en varios países de la región, entre ellos Israel, Kuwait, Arabia Saudita y Jordania. Estas represalias ampliaron el conflicto y elevaron el riesgo de una guerra regional de mayor escala.

La escalada también tuvo impacto en el comercio global y la energía. El estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas clave para el transporte de petróleo, sufrió interrupciones y amenazas que afectaron el tránsito de buques y encendieron alarmas en los mercados internacionales.

Mientras continúan los bombardeos y las respuestas militares, la comunidad internacional reclama una desescalada para evitar que el conflicto se expanda. Sin embargo, el enfrentamiento entre Washington, Tel Aviv y Teherán abre un escenario incierto en Medio Oriente, con consecuencias políticas, militares y económicas que podrían extenderse más allá de la región.