La temporada cerró con 30,7 millones de viajeros y un movimiento cercano a los 11 billones de pesos. Creció la cantidad de personas que viajaron y se consolidó la tendencia a estadías más cortas.

La temporada de verano 2026 terminó con un balance superior al del año pasado y mostró una dinámica de menor a mayor. En total, 30,7 millones de turistas recorrieron el país, generando un impacto económico cercano a los 11 billones de pesos. El crecimiento fue notorio respecto a 2025, impulsado por una agenda de eventos culturales, deportivos y musicales que funcionó como gran motor de convocatoria en distintos destinos.

En términos comparativos, la cantidad de personas que viajaron aumentó 9,5% frente al verano anterior, mientras que el gasto total real se incrementó 4,5%. Este desempeño estuvo traccionado especialmente por quienes pernoctaron al menos una noche fuera de su ciudad, consolidando el turismo interno como uno de los sectores más dinámicos de la economía durante los meses de enero y febrero.

El gasto diario promedio por turista alcanzó los $97.101. Si bien el monto resultó 28,2% superior en términos nominales frente a 2025, al descontar la inflación se ubicó 3,3% por debajo en términos reales. Este dato refleja un consumo más moderado en relación con el poder adquisitivo, aunque sostenido por promociones, descuentos y planes de financiamiento en cuotas que ayudaron a mantener el movimiento en los principales centros turísticos.

A diferencia del verano anterior, la temporada mostró un flujo más equilibrado y sostenido durante enero y febrero. Las políticas comerciales más agresivas del sector privado, junto con campañas promocionales y beneficios bancarios, fueron determinantes para apuntalar la demanda en un contexto económico desafiante.

La estadía media se ubicó en 3,65 noches, levemente por debajo de las 3,7 de 2025 y bastante más corta que en años previos: en 2023 era de 4,15 días y en 2022 de 4,65. La caída acumulada marca un cambio estructural en los hábitos de viaje: frente a ingresos más ajustados, el turista no deja de viajar, pero acorta su permanencia, priorizando experiencias puntuales y manteniendo relativamente firme el gasto diario en función del destino elegido.