El mundo entero se encuentra de luto tras el fallecimiento del Papa Francisco. El Pontífice argentino, de 88 años, dejó un legado imborrable de humildad, cercanía con los más necesitados y una profunda vocación de diálogo y paz.
Desde el anuncio oficial de su muerte, una multitud sin precedentes comenzó a acercarse a la Plaza de San Pedro para rendirle homenaje. Delegaciones de todos los rincones del mundo, jefes de Estado, líderes religiosos y millones de fieles se reunieron en Roma para despedir al Papa que, con su estilo sencillo y su mensaje de esperanza, logró transformar la Iglesia Católica y tender puentes entre culturas y religiones.
El entierro, estuvo marcado por la emoción, la oración y el reconocimiento universal a su figura. El ataúd de Francisco fue llevado en procesión ante una multitud que coreaba plegarias y mostraba banderas de distintos países en señal de unidad y gratitud.
El Papa Francisco —nacido Jorge Mario Bergoglio en Buenos Aires— será recordado como el primer Pontífice latinoamericano de la historia y como un líder espiritual que hizo de la misericordia, el compromiso social y la defensa de los más vulnerables su misión más profunda.
En un gesto cargado de simbolismo, su última voluntad fue ser enterrado de manera austera, tal como vivió su papado. Sus restos descansarán en la Basílica de Santa María La Mayor, mientras el mundo continúa despidiéndose del hombre que supo tocar corazones más allá de credos y fronteras.